Un menú antártico corazón de foca, tortilla de pingüino y cormorán a la parrilla

Un menú antártico: corazón de foca, tortilla de pingüino y cormorán a la
parrilla - 20minutos.es
Los cerebros de foca frescos, los huevos de pingüino, o los cormoranes a la
parrilla eran hasta hace relativamente poco algunas de las exquisiteces con
las que sobrevivían los científicos situados en bases de la Antártica.

Desde 1959, los animales antárticos están protegidos, por lo que los
científicos han dejado de alimentarse de ellos
Pero desde 1959, el Tratado del Antártico considera el continente como una
reserva natural, por lo que las bases científicas han dejado de alimentarse
de la fauna local y su dieta depende ahora de la comida que importan y
congelan.

"Hoy en día, tienes que usar lo que tienes en el almacén: cosas congeladas,
cosas en lata y, si estás realmente desesperado, cosas en polvos", explica
Alan Sherwood, un veterano cocinero de la base británica de Hortera, en la
Península Antártica.

"Ahora estamos a punto de emplear cebolla deshidratada, porque se nos han
acabado", indica. "No puedes salir a la calle y comprar unas cuantas".
La mayor parte de los alimentos llegan a hortera en barco dos veces al año,
en diciembre y marzo, junto a algún vuelo esporádico procedente de Chile.
Los cerebros de foca son una de las exquisiteces y lujos del Antártico

Sin embargo, no fue así siempre, ya que un libro de recetas de la década de
los cincuenta encontrado en la base permite echar la vista atrás a las
antiguas dieta, con cocineros preparando tortillas con huevos de pingüino o
asando corazones de foca.
En un capítulo dedicado a los cerebros de estos mamíferos, el anónimo autor
explica recetas para prepararlos fritos, gratinados, a la plancha, en
tortilla y sazonados, presentados sobre tostadas.

"Cerebros de foca... Lo considero una de las exquisiteces y lujos del
Antártico, y le encanta a la mayor parte del personal de la base", afirma en
el libro de cocina.
Los pingüinos son una versión marina del pollo

En su opinión, los cormoranes son otro manjar. "Mi consejo, si veis alguno
alrededor de la base, es que cojáis un rifle y os hagáis con unos cuantos.
Es un ave muy jugosa, y da para alimentar a unas seis personas".

El autor del libro afirma en otro punto que los pingüinos no eran su
alimento preferido, pero que muchos los consideraban una delicia. Los
pingüinos jóvenes saben mejor que los mayores, según él, y en opinión de
muchas personas es como una versión marina del pollo.

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