Sembrar Árboles, Sembrar Esperanza por Iván Santandreu

En estos tiempos en los cuales cada día hay mayor conciencia y contacto con
otras realidades más allá del mundo físico, el llamado de los devas -los
ángeles de la tradición cristiana- sobre el tema particular de los árboles
debe tomar cada vez mayor fuerza en un mundo hasta ahora regido por una
visión mecanicista y reduccionista de la realidad.

Es así como, con visión comercial de corto plazo e ignorantes del flujo de
vida y energía del planeta (que hasta hace poco pensábamos que era una
esfera inerte en el espacio), hemos talado, destruido y dañado seriamente
todos los bosques del planeta: tropical, selvático y templado.

Profundamente ignorantes de sus implicancias, no sólo ecológicas en el
sentido tradicional de la palabra, sino en un sentido más amplio de la trama
completa de la vida, con sus patrones de intercambio de energía intra y
extra planetaria funciones estabilizantes e interacciones desconocidas entre
la línea dévica y la humana, los árboles parecen relegados a las plazas y
veredas en las ciudades y a las reservas ecológicas en lugares más apartados
de los centros urbanos.

Nuestra desconexión con la naturaleza es tal que sólo valoramos los árboles
por su utilidad inmediata: para algunos, sombra en verano; para otros, leña
en invierno. Y, por supuesto, están quienes los ven como un recurso para
hacer dinero con plantaciones de rápido crecimiento.

Necesitamos reeducarnos desde nuestro corazón, para reencauzar enormes sumas
de dinero con el fin -entre otras cosas- de restaurar el equilibrio
planetario a través de la reforestación de miles de bosques destruidos en
todo el mundo.

Nada es imposible para el espíritu humano, para la voluntad férrea de quien
tiene claridad en su propósito. El primer artículo de este número nos
señala el problema urgente de la deforestación del mundo; el segundo, los
medios para redirigir el dinero hacia causas nobles, como la de la falta de
árboles grandes.
Que este verano no se vaya sin que abracemos un árbol, le pidamos perdón por
todas las tropelías que hacen nuestros hermanos con ellos y nos
comprometamos a hacer todo lo que esté a nuestro alcance para ayudarlos.
Todo esfuerzo vale, todo esfuerzo cuenta.

Publicado el 30 Dic, 2008

Publicar un comentario